Pío Raschcovsky – Ari Lutzker

Dos artistas sin identidad digital:

Pío sabe por qué el hombre ata el techo de su casa para que no se vuele. Cose la caja con alambre. Acciona ante el sistema. El valor de su obra no es monetario. Invierte tiempo en preparar un bastidor. En pegar la madera. En poner clavos chiquitos: tiene que resistir el peso de la obra para la que fue concebida. Estar en equilibro con el tiempo dedicado. Todo lo que tenga potencialidad de seguir creciendo, sigue inconcluso.

Cree en el sistema imaginario de construcción.

Ari se pregunta a quién está dirigido el arte. Ve a las construcciones como un modo de poblar la tierra. Como un mapa y un territorio. Quiere filmar el perímetro de la villa: saber dónde empieza y dónde termina. Estudia los procesos de colonización actuales. La circulación que vive en los guetos sin muro. Baila. Porque el cuerpo del público también es una materia más.

Cree en el dispositivo artístico.

Pío Raschcovsky y Ari Lutzker nunca se habían visto, y sus obras ya eran amigas. Compartían la materia, la precisión, el pulso. El interés por la catástrofe. Por desandar la confusa idea de lo obvio. Por otra estética. Por ese código común del desorden aparente. Por un sistema de producción que dialoga con la urgencia, pero necesita de un tiempo específico para existir.

La experiencia no podría haber sido en otro lugar: este espacio es complemento de la obra. Si te animás a subir los escalones, asomate. Tocá timbre. Hay mate.

Si te digo otra cosa, te miento.

Activación de Ari Lutzker

Dispositivo Palabra por Diego Melero

Ph: Martina Mordau

Obras Exhibidas

Bocas abiertas aúllan silencio. Cuerpos de niños blandos y frágiles como orugas. Figuras tensas arrastran un peso que las supera. La mente suspendida en su cárcel cultural. Un conjunto de madres que miran la pared. Una señora cuenta lo que sabe sobre lo que no puede mostrar. Un hombre resiste, se agita y busca la liberación en un paisaje de desechos. Un pregonero reconstruye la historia del espacio presente.

En esta muestra integrada por esculturas, pinturas, video y performance, se aborda el desgarro y se nos sitúa ante la tragedia: el cuerpo humano blanco de la violencia que actúa ahí donde la manipulación falló. Violencia que es pobreza, silencio, arquitectura carcelaria, ausencia de aire fresco y olvido.

Hay en la vivencia de un cuerpo algo intransferible, indecible. Hay algo de la experiencia que se resiste a ser dicho, hay algo del horror que nunca podrá compartirse sin opacidades, hay una parte que vivirá como sensación, como atmósfera, hay veces que “Si te digo, te miento”.

Martina MordauBs. As. – 2019